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EL LIBRO DE EQUIS

PARTE 2: TRISTITIA

CAPÍTULO 13 - EL MIEDO EN SÍ

Habían pasado un par de minutos desde que Equis se tumbara en el tejado. No sabía si aquellos policías estaban allí por él o si era por cualquier otro motivo. Tampoco sabía si realmente le estaban mirando cuando les había visto y se había tirado al suelo. Equis pensaba que era mucha casualidad que estuviera la policía justo allí y que era posible que algún vecino le hubiera visto y hubiera decidido llamarles. De ser así habían llegado tremendamente rápido, aunque también era verdad que Equis había parado a fumarse aquel cigarro justo antes de que lo hicieran. Fuera como fuera, solo le faltaba un muro que pintar, eso eran como mucho siete u ocho minutos.

Se arrastró hasta el borde del tejado para asomar la cabeza y ver qué ocurría enfrente, donde habían aparcado el coche policial. Nada más asomarse, vio que seguía el coche, pero los policías no estaban. Les localizó caminando, unos metros a la izquierda, dirigiéndose hacia uno de los portales ¿era posible que fueran a subir? La buena noticia era que se estaban dirigiendo al portal más lejano a la vía de escape de Equis. Además, ninguna de las terrazas estaba abierta salvo la que Equis tenía al lado, que era por la que iba a salir. Dentro de lo malo, no era lo peor, contando con que podía ser que estuvieran allí para cualquier otra cosa.

Equis no llegó a verbalizarlo en su mente, pero ya sabía lo que iba a hacer. En cuando los policías estuvieron lo bastante cerca del edificio como para que no tuvieran campo visual del tejado, se levantó rápidamente y cogió tanto el carrito como el largo rodillo. Fue casi corriendo hasta el último de los salientes que tenía que pintar para completar su obra. Estaba bastante cerca de la terraza por la que había accedido al tejado, así que si tenía que salir corriendo, no tardaría mucho en estar fuera del edificio. Eso sí, si alguien se le aparecía por aquella terraza, estaba bien jodido.

Sacó el bote de pintura y realizó la misma acción que anteriormente, pero esta vez mucho más nervioso. Le temblaba el pulso para hacer todo. Además tenía que estar muy pendiente de ver si subía la policía al tejado por algún otro acceso o si volvían a salir a la calle y le podían ver. Estaría bueno que hubieran ido allí para cualquier otra cosa y le pillasen pintando. Comenzó a impregnar la última pared con pintura. Esta vez era verde chillón.

Aquel último muro lo pinto a toda velocidad, aunque le parecía que le había quedado un poco peor que los anteriores. No había accedido nadie al tejado en lo que había estado haciéndolo, pero el coche de policía seguía estando en el mismo sitio. Era muy extraño, debía irse ya.

Desmontó la estructura de varillas del rodillo y lo metió en una bolsa que había llevado para poder tirarlo luego y que no se le llenara el carrito de pintura. Recogió también el bote que había usado y se dispuso a irse. Ahora debía ir con cuidado, ya que no sabía muy bien qué había sido de los dos policías que rondaban.

Estaba a punto de saltar a la terraza comunitaria que le daría acceso a la salida del edificio, cuando un grito le paró el corazón. - ¡Eh! ¡Alto ahí! -. Equis ni siquiera miró para atrás, el grito no parecía estar muy lejos. Tiró el carrito a la terraza y saltó. Se levantó, lo agarró de nuevo y fue corriendo hacia la puerta que daba acceso al último piso del bloque, bajó el manillar y empujó: no se abría. Se quedó inmóvil durante un segundo. – pero, ¿qué cojones? Si esta puerta no tenía cerradura – Fuera como fuese, no tenía más opciones. Podía subir al tejado por el lado contrario por el que iba a aparecer un policía en menos de treinta segundos, pero le verían y tampoco tenía ningún sitio al que escapar allí arriba.

Respiró hondo e intentó asimilarlo – Joder, me han pillado – pensó. Ya oía los pasos del agente muy cerca, iba corriendo. Equis hizo un último intento a la desesperada, empezó a subir y a bajar el pomo de la puerta con mucha fuerza mientras empujaba la misma adentro y afuera. De repente, la puerta se abrió.

Cogió el carro en volandas y entró. Cuando se giró para cerrar la puerta, pudo ver la silueta del agente. Ya estaba justo en el borde del tejado a punto de saltar a la terraza. Equis cerró muy fuerte y bajó corriendo las escaleras. Iba con el carro cogido en brazos, que pesaba bastante, lo que le restaba velocidad. Cuando había bajado un piso, oyó como la puerta de la azotea se abría de nuevo y comenzaban a sonar los pasos del agente bajando las escaleras. Cada vez se escuchaban más cercanos. Equis se planteó si dejar el carrito en medio, por una parte para quitarse peso y por otra para ralentizar a aquel hombre. El agente empezó a gritar a Equis:

- ¡Si no te paras va a ser peor! – no parecía que fuera un persona muy mayor por el tono de su voz, y porque no parecía estar muy ahogado por la carrera. La voz sonaba a su lado. No quería mirar, pero estaba seguro de que el agente ya le tenía en su campo visual – Ya te tengo...

Lo que ocurrió después fue un segundo de silencio seguido de un golpe y un grito de dolor del agente. Equis seguía corriendo y no quería mirar, pero sentía cómo el hombre estaba rodando por las escaleras justo detrás suyo. Estaba a punto de llegar a la primera planta, lo que suponía nuevo tramo de escaleras y le daba una oportunidad a Equis de girar en seco y seguir bajando. Si él agente estaba cayendo, con eso podría ganarle bastante ventaja. Lo hizo y sintió a sus espaldas como el policía chocaba con el rellano de la primera planta. Siguió bajando las escaleras y ya no le sintió más.

El corazón le latía a mil por hora y le faltaba el aliento pero no quería pararse. Sentía que si lo hacía se le saldría el corazón por la boca. Además, ya no tenía opción, debía salir de allí echando ostias. Ese agente se debía de haber hecho daño al caer por las escaleras y, aunque no había sido directamente culpa suya, seguro que si le pillaban pagaría muy, muy caro el hecho de haber propiciado que eso ocurriera en la persecución. Cuando se alejaba del portal, otra vez se le volvió a parar el corazón:

- ¡Eh! ¡Policía! ¡ven aquí!

Esta vez Equis sí miró, ya que el hombre estaba justo en frente suyo. Era el segundo agente y nada más verle Equis entendió mejor lo que había pasado. Era un señor de unos cincuenta y pico años. Mientras el agente más joven había ido en su búsqueda, el veterano había vuelto por donde habían subido. Y ahora se lo encontraba. Equis no se lo pensó dos veces, ese señor no le podría coger corriendo, ni siquiera llevando el carrito a cuestas.

Salió corriendo en la dirección opuesta al parque, adentrándose en la ciudad. Era su oportunidad para despistarles por completo. No tardó mucho en perder al agente que le perseguía. Pasadas dos manzanas giró a la izquierda y, una manzana después, a la izquierda otra vez. Eso le hizo estar de vuelta en el parque pero dos calles más abajo de la urbanización y del coche patrulla.

Se introdujo bastante en el parque para alejarse de la calle en la que habían aparcado los agentes. Llegó al banco dónde había orquestado todo aquello días antes. Antes de poder sentarse, vomitó en el seto de al lado. Ni siquiera tuvo ganas de vomitar, simplemente su cuerpo expulsó lo que había en su estómago. Equis sabía que era por los nervios del momento. Se sentó un segundo para recuperar el aliento, estaba totalmente asfixiado. Había sido una auténtica locura eso que acababa de ocurrir. Levantó la cabeza y miró a su obra. Era de noche y no podía apreciarla del todo bien, pero parecía que le había quedado de puta madre.

Se sentó el tiempo justo para recuperar un poco el aliento y emprendió el camino a casa, atravesando el parque. Mientras lo hacía, continuó recordando aquellos días en los que había visitado Tristitia. Después los días que había recordado hasta el momento, llegó uno que lo cambió todo. La noche que le había hecho estar donde estaba en ese momento, haciendo lo que estaba haciendo. Fue la noche en la que entendió el miedo...

Era jueves y se había vuelto a levantar ya casi a medio día. Sin embargo, aquella mañana se sentía distinto. Se sentía con ganas de hacer cosas para mejorar su situación; de seguir indagando en Tristitia y todo aquello que le estaba pasando. Comió algo ligero e hizo como el día anterior, se lo pasó en el cuarto meditando y apuntando pensamientos en un cuaderno.

Cada hora que pasaba, Equis tenía más claro hacia dónde le estaba llevando todo aquello. Su propio alma le había empezado diciendo que echaba de menos a Eme, para luego mostrarle que se había equivocado en su manera de entender una relación. Si todo aquello era así, Equis sabía lo que debía hacer: debía intentar volver con Eme.

El simple hecho de pensarlo ya hacía sentir una paz absoluta en Equis. Pero además sentía paz ese día porque sabía que era la última noche que Tristitia le absorbería. No sabía si la visitaría de nuevo en el futuro, pero sabía que si ocurría sería porque el decidía hacerlo. Porque ahora controlaba Tristitia, ya no le daba miedo.

13 – El miedo en sí

Miedo... Miedo a esconderme,
Miedo a exponerme, miedo a suicidarme
A salvarme, a quererme, a odiarme
Miedo a que odies y miedo a que extrañes
Miedo a ser yo y a no ser nadie
Miedo a que calles
Miedo a no ser yo y que lo veas
A ser yo y que no lo veas
A no ser yo y que no lo veas
Miedo a ser yo y que lo veas ¡también!
Miedo a que lo leas, o a que no
Miedo a que jamás vuelvas 
A que me digas adiós
Miedo al miedo...
Tocar fondo y entender
Que el miedo en sí no es nada
Sólo un cajón al que acude tu ser
En este contexto comprendo que dañan
Sólo las cosas que quieras meter 


Diseño Capítulo 13 - El miedo en sí

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