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EL LIBRO DE EQUIS

PARTE 2: TRISTITIA

CAPÍTULO 9 - LO QUE TRAJO EL MIEDO

Ya tenía todo preparado para salir de casa. Estaba delante del espejo de la entrada con aquellas pintas tan extrañas – Al señor del parque le quedaba más natural – pensó mientras se miraba de arriba a abajo. Llevaba puesto el chaleco reflectante naranja que había comprado y una gorra verde de propaganda que tenía en un cajón desde hacía años. Por muy ridículo que se sintiera, ese era el plan que había elegido y era el que tenía que ejecutar.

Equis revisó por cuarta vez el carro de tela donde llevaba todo el material. Lo tenía todo listo, pero era demasiado temprano para salir. Se giró para mirar su pequeño apartamento. Desde la puerta principal se veía la cocina americana, el baño de dos metros cuadrados y parte del cuarto abuhardillado de Equis. No había más, eso era todo; y en ese espacio había tenido lugar aquella metamorfosis tan profunda que había experimentado; aquel universo triste y oscuro en el que se había adentrado. Como aún debía esperar un poco para salir de casa, se sentó en el sofá de su cuarto y comenzó a recordar esos días. Todo había empezado semana y media antes, cuando rompió con Eme.

Al principio, Equis pensó que la mejor manera de superar la separación era centrarse en su proyecto como escritor y poeta. Esa había sido su pasión desde siempre y el motivo por el que, un año y medio antes, había dejado su trabajo como encargado en un cine.

Equis empezó a trabajar allí mientras cursaba el primer año de la carrera de filología española, siete años antes. Eligió estudiar aquello porque le encantaba escribir y pensó que la mejor opción de entre las carreras que había era la que trataba sobre el lenguaje. Al fin y al cabo, ese era el medio que él utilizaba en su arte. Pero pronto vio que estudiar aquello le resultaba tremendamente aburrido y no le parecía que fuera muy útil para sus poemas. Poco a poco, comenzó a desanimarse con la carrera y, a mitad de curso, se le metió en la cabeza que quería ahorrar dinero para independizarse, así que buscó un trabajo de fines de semana y acabó encontrándolo en los cines del centro comercial del que actualmente era su barrio.

Aquel trabajo le encantaba y no tardó nada en entender cómo funcionaba el cine. Al finalizar el primer curso de la carrera, Equis se sentía mucho más ilusionado con su puesto allí y el dinero que estaba ahorrando para independizarse que con su carrera de filología. Por eso decidió no matricularse para el año siguiente y se centró en el trabajo, donde le ampliaron el contrato y comenzó a trabajar también entre semana. Poco después se independizó. Al principio estuvo viviendo en el centro de Madrid, pero un año más tarde se mudó más cerca de su trabajo, al piso en el que residía actualmente.

Pasaron cinco años y Equis era ya uno de los veteranos en el cine, tanto que llegó a ser encargado. Sin embargo, desde que había ascendido nunca tenía ni tiempo ni ganas de realizar sus proyectos poéticos, por lo que pronto se empezó a sentir desmotivado. Comenzó a pensar en que, si lo que más amaba hacer era escribir, a lo mejor tenía que apostar por ello y dedicarle las mismas horas que le estaba dedicando a aquel trabajo. Por eso trazó un plan para comenzar a vivir de su arte y ahorró dinero para mantenerse un máximo de dos años sin tener que trabajar en el cine.

Su objetivo era sencillo: vivir en un futuro de sus creaciones. Se había puesto para el primer año la meta de ganar con su proyecto lo suficiente como para cubrir la mitad de sus gastos mensuales. Su plan pasaba por crear un blog dónde publicar poemas a diario y recopilar algunos de los últimos años para el que sería su primer libro de poemas. La publicidad en la web y la venta de libros serían sus principales fuentes de ingresos en un principio. Equis sentía que tenía el control de su vida y que la estaba dirigiendo justo hacia donde él quería.

Después de cinco años en aquel trabajo, Equis lo dejó. Al principio, todo fue ilusión y sueños. Equis estaba más motivado y optimista que nunca. Tenía un plan semanal de tareas para alcanzar sus objetivos y cumplía religiosamente con él. Se empezó a mover por los bares en los que se hacían jams de poesía en Madrid y a conocer gente, lo que le llevó a estar en una época tremendamente creativa, así que escribía muchísimo y siempre tenía su blog y redes sociales actualizadas con uno o dos poemas diarios.

A los tres meses de comenzar con su nueva vida conoció a Eme. Acababa de imprimir cien copias de su poemario escrito y estaba entusiasmado promocionándolo y vendiendo algunas. Además, su blog le estaba empezando a dar algunos céntimos diarios por las visitas que recibía. La tremenda ilusión que esto provocaba a Equis le hacía estar más guapo que nunca - no hay nada más atractivo que una persona ilusionada. Fue la época en la que más había ligado con diferencia, se estaba comiendo el mundo y eso atraía. De hecho fue precisamente eso lo que hizo que le gustara a una chica como Eme.

Sin embargo, desde que empezó a salir con ella, el nivel de implicación con su proyecto había ido disminuyendo progresivamente. Fue como si Equis tuviera una cantidad limitada de ilusión dentro y, al ilusionarse con Eme, inevitablemente se la restaba a lo otro. Poco antes de que rompieran, Equis estuvo analizando toda su situación profesional. En ese momento había pasado ya casi año y medio desde que dejara el trabajo y estaba muy, muy lejos de su primer objetivo: obtener ingresos como para cubrir la mitad de sus gastos mensuales. Lógicamente, cada mes los ahorros de Equis iban bajando. Era como un reloj de arena que le indicaba que no podría vivir siempre así.

Cuando llegó la ruptura, Equis lo tenía claro: tenía que volver a su sueño. Esa era la solución a todo. Podía convertir aquella separación tan amarga en el retorno a su camino; a volver a estar feliz consigo mismo; a sentirse realizado y, sobre todo, utilizar eso mismo como punto de apoyo en su separación con Eme. Pero estaba claro que iba a ser complicado con la gran depresión que sufriría a consecuencia de la ruptura...

Lo habían dejado un sábado por la tarde. Equis aún estaba en estado de shock y no sentía nada al respecto, por lo que ese día lo vivió en una especie de burbuja de insensibilidad. Al día siguiente se sentía extraño. Era como si todo lo que había pasado con Eme no fuera real.

Se pasó aquel día planificando su nueva vida: Por la mañana preparó un listado con todas las cosas del proyecto que debía hacer esa semana y por la tarde se puso a planificar sus objetivos en cuanto al blog y a la venta de libros; después de cenar, empezó a ver vídeos sobre gestión de redes sociales, luego sobre posicionamiento web para su blog...

Llegaron las dos de la madrugada. Equis sabía que si quería comenzar bien su semana, debía de haberse dormido hacía rato. Si no lo hacía, no se levantaría pronto al día siguiente y le costaría mucho poder hacer todas las tareas que se había planteado para el lunes. Pero había algo dentro de él que no quería que lo hiciera, como si sintiera que, al tumbarse y cerrar los ojos, fuera a tele trasportarse a alguna parte dentro de él; un sitio oscuro en el que no habría nada bueno.

Aguantó haciendo cosas hasta las seis de la mañana, solo por no enfrentarse a todo aquello. Llegó un momento en el que estaba muy cansado y le costaba prestar atención a cualquier tarea, así que acabó por tumbarse en la cama y cerró los ojos. Todo era negro, pero tenía la sensación de que eso iba a cambiar en cualquier momento. Se sentía muy inquieto ¿Qué era lo que estaba pasando? Era como si hubiera un micro universo dentro de sí mismo; uno destruido por una gran guerra, que le estaba llamando para que fuera a socorrerle; pero le daba un miedo irracionalmente descomunal hacerlo. Estaba seguro de que allí iba a encontrar cosas que le iban a doler. Aventurarse a aquello era como estar en frente de un abismo enorme y negro que le absorbería si asomaba tan solo un ojo.

Finalmente, y de manera inevitable, Equis se asomó al abismo; y el shock se fue; y volvió a sentir; y toda la tristeza del mundo cayó sobre él.

9 – Lo que trajo el miedo

Sentir que no encajo
En este mundo tan pequeño
De tanto fruncir el ceño
Y coger todos los atajos
Con la mente de los genios
Y el trabajo de mis sueños
Mira el miedo lo que trajo
Verde, triste y cabizbajo
Lo que trajo el miedo...
En realidad debe ser bueno
Si lo ves como un reflejo
Y aceptas tu ser complejo
Para que salga el veneno
Pero ese no es mi dolor, no
No es la angustia del fracaso
Ni la furia del temor
No es lo que mi miedo trajo
Si no lo que se llevó... 

Diseño Capítulo 9 - Lo que trajo el miedo

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