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EL LIBRO DE EQUIS

PARTE 2: TRISTITIA

CAPÍTULO 10 - LO QUE SE LLEVÓ EL MIEDO

Aquella había sido una de las peores noches de su vida. Equis tardo varios días en entender todo lo que estaba pasando dentro de él. Lo que había ocurrido aquella noche había sido una especie de catarsis; un ritual por el cual su alma había expulsado desde lo más profundo de su ser aquellos sentimientos.

Equis salió de su mente y se miró, allí, en el pequeño sofá de su cuarto. No era, ni por asomo, el mismo que semana y media antes. Ahora estaba feliz, motivado y vestido de aquella manera tan ridícula para ponerse a trabajar. Lo que iba a hacer aquel día era puro arte. Porque eso era él: un artista. Había vuelto a su ser, volvía a estar metido en la creación de contenido en su blog y se estaba moviendo de nuevo para seguir promocionando su poemario. Pero le estaba pareciendo que revivir aquello estaba siendo bueno. Lo miraba desde una perspectiva desvinculada de las potentísimas emociones que tuvo durante aquella semana. Fuera como fuese, ya era hora de salir.

Equis volvió a mirarse al espejo una última vez – Chaleco reflectante, gorra de propaganda y carrito con todo el material. Creo que no se me olvida nada – Pensó. Se quitó el chaleco y la gorra y los metió en el carrito. No quería salir así de casa y que le viera algún vecino con aquellas pintas.

Fue caminando. El sitio estaba a media hora andando a paso normal. Equis hizo el recorrido que había hecho todas las mañanas durante los cinco días anteriores, cuando había salido a correr. Pasó por el enorme parque que conectaba su barrio con la zona residencial a la que se dirigía. También pasó delante del banco de madera donde había orquestado el plan. Eran cerca de las siete de la tarde y todo estaba bastante tranquilo. Durante el paseo, continuó recordando la semana anterior, esa en la que lo había pasado tan mal. Era como meterse en la cabeza de una persona que la está perdiendo...

Después de aquella primera noche tan mala tras romper con Eme y de no haber dormido hasta que ya había amanecido, Equis se había despertado a eso de las cuatro de la tarde totalmente desubicado. Se sentía como una mierda, no solo porque aquello era un fracaso total en el primer día de “volver a su sueño”, sino porque además tenía una resaca emocional tremenda de la noche anterior. Obviamente, no le apetecía ponerse a trabajar en aquel momento, tan descolocado como estaba y sabiendo que ya no le daría tiempo a hacer la mayoría de las cosas que se había propuesto hacer.

Se fumó un cigarro en la ventana de su cuarto pensando en cómo podía cambiar el curso de aquel día. Se preguntaba si no se estaba exigiendo demasiado con todo el tema del proyecto artístico, más aún en un momento como aquel; quizás era mejor no tener ninguna responsabilidad aquella semana. Por eso decidió hacer un cambio radical en su planteamiento: se iba a permitir hacer lo que quisiera. Si le apetecía hacer cosas del proyecto, genial; pero si lo que le apetecía era vaguear o hacer cosas “banales” para no pensar en todo el tema de Eme, se lo iba a permitir. Desde el momento en el que decidió aquello, Equis se sintió bastante aliviado.

Lo primero que quería hacer era despejar un poco su mente, así que se duchó y se tomó un café. Mientras hacía esto último, vio que tenía un mensaje en móvil. Era de Pablo, un buen amigo suyo y ex compañero del cine. Él seguía trabajando allí y era de las pocas personas con las que Equis mantenía un contacto cercano.

- ¡Qué dices poeta! Hace mucho que no nos vemos. Tengo hoy y mañana libre, así que si te apetece ya sabes, que tenemos que ponernos al día.

A Equis no le apetecía nada salir por ahí a tomar algo. En realidad tampoco le apetecía en exceso ver a nadie, pero Pablo era un buen amigo y siempre le sacaba una sonrisa. Como Equis había cambiado de estrategia y ya no iba a centrarse solo en el proyecto, decidió escribirle y proponerle que fuera a su casa aquella tarde. Le contó por encima que lo había dejado con Eme y que no le apetecía mucho salir, pero que sería genial si él se pasaba – ¡No jodas tío! Pues sí, en un rato me paso y me cuentas bien. Además te voy a llevar una sorpresa para que te animes – Contestó Pablo a los pocos minutos.

Tres cuartos de hora después sonó el telefonillo de la casa de Equis. Abrió la puerta del portal y directamente la del piso. Mientras esperaba en la entrada, se oían las enormes pisadas de Pablo subiendo las escaleras. Cuando llegó, nada más verle, Equis sonrió.

Pablo medía 1,95 y era un tío enorme. Parecía que estuviera hecho a mayor escala que el resto de la gente. Además, era bastante atlético ya que era cinturón negro de judo. Pablo tenía la piel muy clara y era pelirrojo, con pecas en la cara. Cuando se dejaba barba parecería un Vikingo. Era una bestia, sí, pero no para alguien que hubiera pasado más de cinco minutos con él, porque cuando le veías sonreír comprendías que era una persona totalmente exenta de maldad.

Cuando entró le dio un abrazo fuerte y brusco a Equis.

- Macho, siento lo que te ha pasado con Eme. Ahora me lo cuentas todo bien, pero antes quiero que veas lo que te he traído para animarte...

Sacó de uno de los bolsillos de su enorme chaqueta el viejo videojuego de futbol al que llevaban jugando años. Era mucho peor en cuanto a gráficos y jugabilidad respecto a las nuevas ediciones pero a ellos les gustaba jugar a la misma que cuando empezaron a hacerlo juntos.

- ¡Ostia! De puta madre tío – contestó Equis nada más verlo – menuda paliza que te vas a llevar. Hace mucho que nadie te da lo que te mereces.

Equis estaba encantado, revivir esas viejas experiencias con Pablo podría ser bueno. Disfrutar de la vida que había tenido antes de Eme y de pequeños días especiales, como cuando pasaba tardes jugando a la consola con su compañero del cine, podría ser lo que le hacía falta para superar aquel bache.

Siempre que Equis invitaba a alguien a su casa iban a su cuarto. Era la habitación más grande y, de hecho, era lo único que no era minúsculo de aquel apartamento. Tenía espacio suficiente para una cama de matrimonio, un escritorio no muy grande, un sofá pequeño y una tele sobre un mueble bajo.

Pablo fue allí directamente y Equis pasó por la cocina para coger dos botellines de cerveza. Cuando fue al cuarto Pablo ya estaba sentado en el sofá. Era tan grande que lo ocupaba casi entero, aunque era de dos plazas. Equis le pasó una cerveza. – Bueno máquina – dijo Pablo mientras encendía la consola que estaba debajo de la tele e introducía el juego que había llevado – ¿me cuentas qué es lo que te ha pasado con Eme? ¿o no te apetece mucho hablar de eso?

Equis le hizo un pequeño resumen de la historia intentando explayarse lo menos posible. Contó básicamente que hacía tiempo que él no estaba a gusto con ella y que intentó hablarlo, pero que no se entendieron y al final lo dejaron. Equis nunca entraba mucho en detalles cuando se trataba de hablar de sus asuntos de pareja.

- Bueno tronco, hay veces que, si ves que algo no funciona, aunque joda, hay que dejarlo – dijo Pablo – ahora recibiendo goles del Madrid te vas a olvidar un poco, ya verás.

- Hace mucho que no juego, pero no creo que sea difícil competir con esas manazas que tienes – contestó Equis sonriendo, antes de dar un trago a la cerveza y ponerse en posición de jugar a la consola.

Configuraron el modo de juego que les gustaba y comenzaron a jugar mientras charlaban. Pablo puso al día a Equis de cómo iban las cosas por el cine. Por lo visto desde que él se fuera, el encargado que había entrado para sustituirle no era muy válido para aquel puesto y estaba entorpeciendo el trabajo de todo el mundo. Después, Equis puso al día a Pablo de cómo le iban las cosas con su proyecto. Le contó que estaba bastante parado desde hacía algún tiempo y que se había propuesto retomarlo, pero que le estaba costando con todo el tema de Eme.

- Macaco, en cuanto tú me des luz verde yo pongo en marcha la maquinaria para liarte con alguna amiga de Clara. Hay varias con las que yo te veo mazo. Y ya sabes, un clavo saca otro clavo. Además que les va a encantar tu rollo poeta.

Clara era la novia de Pablo de toda la vida. Empezaron en el último año de instituto y desde entonces siempre habían estado juntos. Equis se alegraba mucho por ellos, ya que Clara era igual de genial que Pablo. Conocía a algunas de sus amigas y había un par de ellas que le atraían bastante, pero no estaba preparado para aquello ni de lejos. De todas formas, estaba bien saber que, si quería buscar, sabía dónde hacerlo.

Siguieron jugando hasta las once de la noche. Equis se lo pasó muy bien y durante un buen rato se olvidó de todo. Cuando llegó el momento de marcharse, Pablo volvió a abrazar bruscamente a Equis y le recordó lo que le había dicho antes.

- Bueno pimpollo, pues eso, cuídate y tenemos que repetir más esto de vernos. ¡Ah! Y cuando tú me digas hablo con Clara, organizamos algo por el centro con sus amigas y te vienes.

Cuando Pablo se marchó, la casa se quedó en silencio, igual que la noche anterior antes de que Equis se fuera a la cama, pero él no se había dado cuenta. Estaba ensimismado pensando en lo que le acababa de decir Pablo. Eso le hacía ilusión: la posibilidad de conocer a alguien especial de nuevo. Cenó algo de fruta y se tumbó en la cama a recordar cómo eran las amigas de Clara que conocía y le gustaban. Empezó a imaginarse en qué circunstancias podría llegar a conectar con ellas si en algún momento estaba preparado. Se imaginaba posibles historias de amor. Historias de esas que, cuando las vives, ya no las olvidas jamás. Y justo en ese momento, pensó en Eme; y se dio cuenta de que todo estaba en silencio; y oscuro; e instantáneamente volvió a visitar el mismo lugar que la noche anterior.

10 – Lo que se llevó el miedo

Sus ojos, su pelo, su cielo
Su trueno, su rojo, su fuego
Su antojo, su juego, su arrojo
Su "luego", su "puedo", su cosmos
Su hielo, su morro, su cuello
Sus miedos y anhelos...
Y todo era bueno, o positivo, o sereno
o divertido, o tranquilo, o ameno
Y vine yo a pervertirlo con ceros
Y multiplicaciones sin sentido
A desmontarlo como lego
A cuantizar algo infinito
A reprochar dónde no llego
A romper algo que quiero
Con el amor malentendido
De ese ser que tiene miedo…

Diseño Capítulo 10 - Lo que se llevó el miedo

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