EL LIBRO DE EQUIS

PARTE 3: NIHILO

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CAPÍTULO 17 - COMO TODOS

Equis entró en la Sala 9 y se sentó en la primera fila, que siempre estaba vacía. Las únicas salas por las que merecía la pena pagar una entrada tan cerca de la pantalla eran las de 3D, que la tenían a muchos metros de la primera hilera de butacas. En todas las demás, sentarse ahí suponía ver la película todo el rato mirando hacia arriba. Al ser la última sesión, no había mucha gente y la mayoría estaban al fondo. Todavía quedaban por lo menos diez minutos para que terminase la proyección. Después de aquello solo faltaría acabar la faena y habría terminado su jornada.

La película parecía malísima, la típica comedia americana cuyo único incentivo eran un par de actores medio conocidos. Mientras la ignoraba, Equis se puso a pensar en lo bien que había trabajado aquel día. Había estado durante muchos años en aquel cine y era un trabajo que le resultaba fácil hacer. Solo había que ser organizado e ir limpiando las salas con rapidez en el lapso de tiempo en que terminaba una sesión y comenzaba la siguiente. Además, le había tocado hacer la parte “fácil” del trabajo. Aquel sábado daba servicio en una de las salas pequeñas donde no había tanta afluencia de gente, ya que en esas salas no se ponían grandes estrenos, y además podía organizarse como él quisiera, porque estaba solo.

Equis se sentía a gusto allí, aunque en realidad no echaba de menos aquel trabajo. Recordaba los tiempos en los que había estado con un contrato indefinido. Hasta había llegado a ser encargado. Pero pronto empezó a sentirse un esclavo ya que nunca tenía tiempo para sus poemas y proyectos artísticos. 

Sin embargo, en ese momento no era así, precisamente porque no tenía esa sensación de angustia por tener que hacer ese mismo trabajo de manera indefinida. De hecho, esa era la clave de que hubiera trabajado tan bien aquella noche. Además, era un golpe de suerte enorme que hubiera surgido aquella oportunidad: los cines le habían contratado “por horas” ya que, desde hacía algunas semanas, estaban desbordados de trabajo. Pablo, su mejor amigo y compañero desde los inicios de Equis en el cine, le había recomendado a su encargado, diciéndole que tenía muchos años de experiencia y que les sería muy útil en momentos en los que necesitaran gente. Al final, el encargado decidió contratarle y en dos semanas aún no se había arrepentido.

Equis estaba sentado en la primera fila pensando en todo aquello cuando terminó la película. Se levantó rápidamente y se puso a esperar al lado de la salida. Se colocó de manera que, cuando encendieran las luces, cualquiera que buscara la salida le viese. Equis lo hacía deliberadamente ya que si alguien ve al chaval que va a limpiar la mierda que acaba de dejar, es más probable que la lleve a la basura él mismo.

No podía empezar a limpiar las salas habiendo aún gente dentro, en el cine eran muy estrictos con aquello, así que esperó a que saliera todo el mundo. Sin embargo, al fondo de la sala había una pareja que todavía ni se había levantado cuando ya había salido casi todo el mundo. Estaban hablando y ella, repentinamente, soltaba fuertes carcajadas. 

    - La película era tan, tan mala, que creo que es de lo mejor que he visto en años. Tío, ¡cómo nos hemos reído! – dijo ella casi llorando de la risa.

    - Por tu cumpleaños mandaré hacerte una camiseta con la cara de la abuela gruñona para que la lleves siempre contigo porque sois igualitas. – contestó él también riéndose desatadamente.

Las luces de la sala ya estaban completamente encendidas y Equis se había acercado a las primeras butacas para meter presión, pero aquella estúpida pareja seguía allí sentada. Cuando por fin decidieron levantarse lo hicieron con toda la calma del mundo, hablando y riéndose.

Aunque aún no habían salido de la sala, Equis decidió comenzar la faena, se puso los guantes de trabajo y sacó una de las grandes bolsas de basura negra que utilizaba en su labor. Comenzó a pasar entre cada fila de butacas. Iba recogiendo todos los recipientes y metiéndolos en la bolsa, mientras sacudía todos los asientos de palomitas para barrer después. Mientras lo hacía, la pareja pasó a su lado.

    - Joder, es que tenemos los mismos gustos hasta para las películas malas y partirnos con ellas. – decía ella mientras caminaban hacia la salida.

    - Sí ¿verdad? Es que la gente normalmente no tiene ni idea de nada, pero tú y yo entendemos la movida. – contestó él en un todo que mezclaba guasa y cariño.

A Equis no le agradaba ver esa escena en aquel momento. Tenía una visión muy, muy pesimista del amor. Había pasado mes y medio desde que Eme le enviara aquel mensaje al móvil en el que decía que ya no quería estar con él, que ya no sentía lo mismo. Desde entonces, le había costado mucho recuperarse. 

El primer mes la depresión fue continua, después, empezó a mejorar, pero muy poco a poco. Ya se sentía mejor anímicamente y el hecho de volver a trabajar en el cine, aunque fuera de manera temporal, le había ayudado mucho. Equis quería vivir de escribir, pero sacar adelante su propio proyecto le exigía un grado de responsabilidad altísimo, ya que todo dependía de él. En el cine no era así, allí solo debía hacer su tarea y cobrar. Eso le motivaba porque podía ser una manera de volver a generar ahorros para seguir con su blog y sus poemas. Sin embargo, en cuanto al amor, Equis no tenía ninguna fe en recuperar la ilusión nunca.

Terminó de limpiar la sala y llevó la bolsa fuera, a la parte trasera del cine, donde estaban el resto de bolsas que había ido generando aquella noche. Las metió todas en el gran contenedor que las comprimía y las almacenaba para que se las llevasen a reciclaje una vez por semana. Después, pasó por la oficina de los encargados para apuntar las horas que había hecho y despedirse de quién hubiera. Solo estaba Pepe, el primer encargado. Era como el “encargado de los encargados” y Equis tenía una relación muy cordial con él. Pepe era un tipo de 54 años que, en el ámbito laboral, estaba bastante “chapado a la antigua” y justo por eso Equis le había caído en gracia, porque era el típico trabajador que, cuando estaba allí daba su 100% y nunca generaba problemas, más bien todo lo contrario.

Después de despedirse, Equis fue a los vestuarios a quitarse el polo y los pantalones de trabajo. Luego recogió sus cosas y se marchó por la salida de emergencia de detrás del cine, que era la más cercana a la parada de autobús. Aquella noche había quedado con Pablo y otros compañeros, que ya habían salido como una hora antes. 

Ya eran casi las 00:50, hora a la que salía el búho que le llevaría hasta el centro. Cuando torció la primera esquina vio que el autobús ya estaba en la parada. Normalmente, al ser la primera parada, el bus esperaba diez minutos antes de salir, pero no sabía cuánto tiempo llevaba ahí, así que se pegó una buena carrera por si acaso. Entró y se sentó al fondo. El autobús debía de llevar poco tiempo parado, ya que pasaron cinco minutos y aún no había salido.

Allí, sentado esperando, Equis empezó a pensar en Eme, en qué estaría haciendo. Seguramente estaría con su hermano y el resto de la pandilla bebiendo en algún garito o en su propia casa; y seguro que conocía mil chicos cada noche que estarían encantados de intimar más con ella. Pero él no podía saberlo. Llevaba mes y medio sin saber absolutamente nada de Eme y debía seguir así. De hecho, no quería pensar en aquello, todo era culpa de esa estúpida pareja del cine que le había traído recuerdos con su empalagoso comportamiento. Para Equis era obvio que estaban en ese precioso momento en el que todo es maravilloso y parece que vas a estar con esa persona toda la vida. No sabía muy bien por qué, pero eso le producía una sensación de rabia bastante intensa. Bueno, en realidad sí que sabía por qué era: había sido muy duro pasar por la ruptura con Eme, pero además había sido devastador haber intentado recuperarla y que ella le hubiera dicho que no sentía lo mismo por él, o lo que era lo mismo, que ya no le quería. Desde aquello, en vez de pena sentía rabia cuando pensaba en los buenos momentos con Eme.

Por suerte, a Equis le sacó de su mente el sonido del motor del autobús arrancando. Sabía que debía dejar de pensar en aquellas cosas ya que no tenía ningún sentido hacerlo en aquel momento, antes de irse de juerga. Era un bajón. Equis sacó sus cascos de la chaqueta y el móvil del bolsillo para inyectarse una buena dosis de música potente y motivarse para las copas con Pablo y el grupo del cine.

Justo cuando iba a ponerse los grandes auriculares en la cabeza, sonaron unos golpes en la puerta del autobús. El conductor, que ya había empezado a mover el vehículo, paró y la abrió. Equis vio como subía, tropezando y entre risas, la estúpida pareja del cine.

Se colocó los cascos y, antes de darle al “play” en su aplicación de música, pensó: vosotros os ignorareis también.

17 – Como todos

Yo sé que queréis creer
Que a pesar de la seguridad
De que todo aquí tiene un final
Quizás vosotros podréis ser
Quienes toquen la inmortalidad
De lo mucho que os queréis
Pero lo lamentaréis
Porque os va a decepcionar
El día en el que os enteréis
De que eso es todo irrealidad
Vosotros os separaréis
Te lo puedo asegurar
Y será raro ver su rostro
Y todo lo que hoy creéis
De que el final es para otros
Será el motivo de tu insomnio
Espérate
Lo verás si aún no lo ves
Pues es obvio que vosotros
Como todos los exnovios
Os ignoraréis también 

Diseño Capítulo 17 - Como todos

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