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EL LIBRO DE EQUIS

PARTE 1: CINERE

CAPÍTULO 4 - ESTARÁ CUANDO NOS MARCHEMOS

Después de aquello, cenaron viendo “Padre de Familia”. A Eme le encantaba el humor negro y exagerado de aquellos dibujos animados. Además era ideal ya que los capítulos no eran muy largos, por lo que podían ver dos o tres sin que se les fuera la noche. Entre capítulo y capítulo, Eme repasaba los regalos que había recibido hasta el momento: dos poemas y una libreta para que ella comenzara a escribir lo que quisiera, que además contenía en la última página el primer poema que Equis le había escrito.

Cuando terminaron de cenar, fueron al cuarto de Eme, donde siempre acababan las noches juntos. Ella estaba ansiosa por saber qué era el regalo que aún no había abierto, el de color azul. Era pequeño, no mucho más grande que una cajetilla de tabaco y lo llevaba en la mano, la cual tenía muy cerrada, como para que nadie se lo quitase.

Se sentaron en la cama. Eme miró a Equis y seguidamente al regalo que tenía en las manos, como indicándole que lo quería desenvolver.

    - ¡Ábrelo ya, pesada! – dijo Equis riéndose – Este tiene que ver con eso que hablamos hace no mucho, lo de dejar algo que esté cuando nos marchemos...

Equis se refería a un día muy especial que vivieron unas semanas antes. Habían ido a pasar la tarde al parque del Retiro. En aquel momento llevaban 4 meses juntos y aún no habían hablado de qué eran: si novios, amigos, solo un rollo... Era obvio que disfrutaban estando juntos, porque Equis iba al barrio de Eme varias veces por semana y pasaba muchas noches en su casa. Además, ya conocía al hermano de Eme y a casi todos sus amigos. Sin embargo, nunca habían hablado de si eso era algo “serio”. Equis había tanteado a Eme una vez, a los tres meses o así, pero ella se sintió incómoda y cambió de tema rápidamente, así que no volvió a insistir.

Aquel día en el Retiro, comenzaron a hablar sobre “el amor entre las personas”. Empezaron filosofando sobre el amor en sí y no tardaron en llegar al amor en pareja. Ambos tenían puntos de vista muy diferentes. Si hubiera que resumir el pensamiento de cada uno en una frase, se podría decir que el lema de Eme era “disfrutar el momento con quién te gusta” y el de Equis “construir algo juntos”. Uno miraba hacia el presente y el otro hacia el futuro. Como estaban hablando de “el amor en general”, ninguno de los dos se sintió contrariado porque el otro no compartiese la misma “concepción de amor”. Equis había sentido que ese momento había sido muy nutritivo para ambos y para su relación.

Poco después, Eme dijo las palabras que alegraron a Equis el día, la semana, el mes y la vida. Las pronunció mientras caminaban, y las dijo mirando al suelo:

    - Oye Equis, pues, quería decirte... tú ya sabes que a mí lo de novios me parece sólo un formalismo. Lo importante es con quién pasas tu tiempo. Pero si tuviera que tener un novio, que no digo que lo quiera… pero, si lo quisiera, me gustaría que fueras tú.

Levantó la cabeza cuando acabó, para mirar la cara de Equis y comprobar su reacción a aquello. Y era imposible que Equis ocultara la sonrisa que le nacía en la cara. Ese fue el momento en el que se “formalizó” su relación. Equis sabía que era una tontería, pero le había hecho una ilusión tremenda el hecho de que ella dijera esas palabras, que dijera que le elegiría a él para ser su novio.

Más tarde, ese mismo día, Equis le habló de las rupturas que le habían marcado. Le contó que no tenía buenas relaciones con algunas de su exnovias y cómo había acabado pensando que, al final, el amor siempre se termina, y muchas veces alguien que te importó se convierte en un total desconocido. Fueron cosas de las que no había hablado con nadie nunca. Era su lado más oscuro. No se sentía cómodo admitiendo que en el fondo tenía una visión tan pesimista del amor y menos con una chica a la que estaba conociendo. Eso te hace parecer débil e inseguro. Sin embargo, con Eme decidió hacerlo y para nada se sintió juzgado.

Después de soltar todo aquello, Equis tuvo una revelación. Una frase que a ambos les encantó y que Eme dijo que tenía que meter en uno de sus poemas, sí o sí:

    - Pues Eme, al final ¿sabes a qué se reduce todo? Lo estaba pensando y... hemos hablado del amor entre personas ¿no? Y de las despedidas. Pero, piénsalo, de cualquier persona que conozcas te vas a tener que despedir tarde o temprano. Es inevitable. Ya no solo de un novio, o de un familiar, sino hasta de ti misma. Creo que solo es una ventana más que muestra lo fugaces que somos. Por eso al final todo se reduce a: dejar algo en otros que se quede cuando nos marchemos.

Eme había desenvuelto ya el regalo azul. Era una pequeña caja de madera. La abrió y sacó un pequeño fósil. Era una concha del tamaño de una canica que a Equis le habían regalado en un viaje que hizo con su familia, varios años antes. Tenía varias en casa y eligió la más bonita para ella. Eme estaba entusiasmada.

    - ¿Es un fósil de verdad? – Dijo mirándolo muy de cerca. – ¡Está chulísimo!

Ese fósil quería significar algo enorme; algo inmenso; algo imperecedero. En la caja también había un papel doblado. Equis le dijo a Eme que debía leerlo para entender el regalo. Ella, como siempre hacía, lo leyó primero en su mente y luego en voz alta.

4 – Estará cuando nos marchemos

Ya te he contado
Que las cosas que he amado 
Al final siempre se fueron 
Y que siempre acabamos 
O bien enfadados 
O echando de menos 
Cualquier motivo es caramelo 
Para que nos conozcamos 
Y luego nos separemos 
Y ni nos reconozcamos 
Maldito tiempo traicionero 
¿Con qué coño nos quedamos? 
Por eso, mi cielo 
Yo quiero regalarte algo 
Símbolo de que te quiero 
Que ya estaba cuando llegamos 
Y que estará cuando nos marchemos 

Diseño Capítulo 4 - Estará cuando nos marchemos

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