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EL LIBRO DE EQUIS

PARTE 1: CINERE

CAPÍTULO 6 - LEVANTAR LA MANTA

Equis recordaba aquel día a la perfección... Se le repetían una y otra vez los recuerdos de aquella maravillosa tarde en la que fue tan feliz junto a Eme. Hasta que sonó el telefonillo... Al llegar a ese punto de la historia, volvía al mundo real.

Habían pasado siete meses desde aquello, pero para Equis era como si hubiera sido un abrir y cerrar de ojos. Era como si todo lo que había pasado desde el día de la sorpresa lo hubiera hecho en “piloto automático”, hasta llegar al momento actual. Se había dado cuenta hacía poco de que recordaba miles de anécdotas fabulosas junto a Eme en los cinco primeros meses, pero a partir de ahí los pocos recuerdos que tenía no eran precisamente épicos. Su relación se había convertido en algo rutinario y sin ningún tipo de emoción.

Eme no era una persona muy cariñosa ni detallista, por lo que las únicas muestras de afecto que había en la pareja las aportaba Equis. Él sabía que era así, y que si quería estar con ella era algo que debía aceptar. Pero aun así le dolía un poco que nunca tuviera ninguna muestra de cariño con él. Nunca le decía que le quería, ni siquiera cuando él se lo decía a ella. Lo peor de todo eso era que a Equis cada vez le apeteciera menos tener detalles con Eme. Ya no recordaba la última vez que le había sorprendido con algunos versos o alguna historia creativa. Eso era lo peor, sin duda.

Por otra parte, pocas veces Eme y Equis tenían tiempo para estar a solas porque ella siempre estaba con su hermano y sus amigos comunes. Para estar en intimidad con Eme, Equis debía ir a su barrio, estar con sus amigos y adaptarse al plan que hubiera, que casi siempre era emborracharse e ir a discotecas, todo para que, al final de la noche y estando muy borrachos, estuvieran un rato juntos antes de dormir. A eso se habían reducido sus momentos a solas. Equis pensaba qué había sido de aquella época en la que Eme se “escapaba” de todo porque le apetecía estar con él.

Además a Equis cada vez le frustraba más tener que relacionarse tanto con el hermano de Eme y sus amigos, ya que la mayoría de ellos no le caían demasiado bien. Representaban todo lo que Equis aborrecía: eran tipos prepotentes que alardeaban de cómo habían utilizado a chicas para acostarse con ellas o se jactaban de cómo se habían peleado en una discoteca el fin de semana anterior. Además Pedro, el hermano de Eme, quién nunca pareció muy contento de que ella y Equis estuvieran juntos, hacía mucho tiempo que no disimulaba sus contestaciones bordes hacia Equis. Para colmo, a veces le gastaba bromas de mal gusto que a Equis le parecían totalmente fuera de lugar. Pronto “Cantero”, el mejor amigo de Pedro, se había apuntado al carro. Él había estado enamorado de Eme desde siempre y por lo visto habían tenido alguna historia muy corta en el pasado. Estaba claro que tampoco le agradaba mucho que él estuviera con Eme. Equis se sentía realmente incómodo cuando estaba con ellos dos.

Aún con todo esto, seguía enamoradísimo de Eme y no tenía duda de que quería seguir estando con ella. De hecho, al principio le parecía que merecía la pena toda la situación si era por ella. Pero cada vez se sentía más desilusionado; cada vez se le hacía más pesado tener que soportar a los amigos de Eme y su monótono plan para, a lo mejor, al final de la noche, poder estar con ella un rato a solas. Por eso, un mes antes, Equis había decidido hablar con Eme respecto a cómo se sentía.

Sabía que tratar esos temas iba a ser muy complicado. A Eme le agobiaba sobremanera hablar sobre sentimientos, relaciones y cosas así. Si Equis le soltaba, así sin más, todo lo que le desilusionaba de su relación, ella se pondría a la defensiva, como hacia siempre que algo le incomodaba, y no podrían entenderse para encontrar una solución. Por eso estuvo varios días pensando y haciendo una lista de qué cosas le estaban afectando y qué posibles soluciones podrían tomar los dos juntos para estar más felices. Eso último era importante, ya que en ningún caso quería que Eme se tomara todo aquello como un reproche.

Lo primero, propondría a Eme que alternaran y quedaran un día en el barrio de ella y otro en el suyo. Él seguiría teniendo que pasar un montón de tiempo con su hermano y sus amigos para estar con ella, pero al menos se aseguraría de que después pasarían un día ellos dos solos. Sería algo mucho más equilibrado. Sobre el tema de que Eme no fuera muy cariñosa, no había mucha solución. Equis consideró que solo podía intentar transmitirle cómo le hacía sentir eso y explicarle que creía que, a veces, también hay que mostrar a las personas que te quieren que tú también les quieres. Durante la semana que estuvo meditando sobre todo aquello y sobre cómo se lo diría a Eme, Equis se sintió esperanzado y creía que realmente podría llegar a entenderse con ella y que su relación saldría más fortalecida de todo aquello.

Pero la reacción de Eme no fue la que Equis esperaba. Reaccionó tranquila, como hacia siempre, pero se indignó muchísimo por cada palabra que él había pronunciado. Era como si, desde el primer momento en el que se sintió atacada, se hubiera puesto una coraza. Le dio una negativa a todo lo que Equis le había dicho. Le explicó que no estaba dispuesta a alternar el sitio de quedar, porque ella no era una persona a la que le gustase hacer planes y no quería atarse a tener que ir a ningún sitio concreto. Además decía que ella estaba a gusto como estaban y que siempre había sido así, por lo que si Equis tenía algún problema en ese momento, era cosa suya. Por último, dijo que si a Equis no le caía bien su hermano, ella no podía hacer nada y que, de hecho, le molestaba un poco que Equis dijera aquello.

Eme era infantil, pero también tremendamente inteligente y con una lógica que podía aplastar a cualquiera en menos de diez palabras. Contestó a todo con una negativa, pero de una manera coherente, razonable y, para Equis, devastadoramente fría. A él todo aquello le pareció injusto. Al fin y al cabo, el discurso de Eme se resumía muy rápido: “Esto es lo que hay: mi barrio, mis amigos, mi hermano y yo. Si te gusta bien y si no, ya sabes lo que tienes que hacer”.

Cuando ella le dijo todo aquello él no insistió, era obvio que no estaba abierta a dialogar sobre todo aquello. Al principio creó un poco de tensión entre ellos y Equis se estuvo planteando si, después de aquello, debía dejarlo con Eme. Pero a los pocos días todo volvió a la rutina y fue como si nunca hubieran tenido aquella conversación. Equis decidió pasivamente seguir con Eme, ya que dejó las cosas como estaban.

Durante los tres meses siguientes Equis había intentado no pensar en todo aquello, pero la situación era insostenible. Se sentía impotente y se veía allí, casi un año después del día de la sorpresa de Eme, con una chica que no parecía la misma con la que había estado al principio; que no parecía que tuviese el más mínimo interés por, ya no mejorar o fortalecer, si no siquiera mantener su relación con él. Equis recordaba el día de la sorpresa, siete meses atrás, lo que le llevaba a recordar cómo conoció a Eme, la primera vez que la vio, la primera cerveza que se tomaron juntos, V de Vendetta, la placita, el primer beso, el primer te quiero, el cuaderno, el fósil, el telefonillo... Todos los días recordaba todo y todos los días se hacía las mismas preguntas: ¿Cómo puede ser posible? ¿Es esta la misma chica con la que viví todo aquello? ¿esta que no está dispuesta siquiera a hablar sobre cosas que me afectan? ¿Ha sido siempre así? ¿Yo lo sabía?

6 – Levantar la manta

Eso que tanto te espanta 
Eso que quieres que se borre 
Con lo que no te plantas 
Eso que se te atraganta 
Y que te hace pobre 
Sobre lo que no se canta 
Donde se pudre el roble 
Todo lo que ya conoces 
Eso que sabes que está 
Pero no quieres mirar 
Eso que sabes que habrá 
Si algún día la levantas 
Pero, no soy idiota ¡hombre! 
Si no quiero levantar la manta 
Es porque ya sé lo que esconde 

Diseño Capítulo 6 - Levantar la manta

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