free web templates

EL LIBRO DE EQUIS

PARTE 1: CINERE

CAPÍTULO 7 - COMO SI NADA

Equis llevaba demasiado tiempo no queriendo mirar y ya no podía seguir así. Se había dado cuenta de que, en realidad, la postura de Eme frente a su relación estaba muy clara desde el principio: “Esto es lo que hay, si te gusta bien y si no, ya sabes lo que tienes que hacer”. Y Equis pensaba que, a lo mejor, ella tenía razón en su planteamiento. Pero si él se guiaba por aquello, tendría que haberlo dejado con ella hacía meses. Ya no le gustaba como tal su relación con Eme, era algo que formaba parte de su vida, sin más.

Aún con todo, seguía enamoradísimo de ella. Tenía claro que quería estar con Eme, pero no de esa manera. Ya no por comodidad, sino porque eso le estaba afectando mucho anímicamente y, en consecuencia, a la salud y al trabajo. Ya había probado todo lo que estaba en su mano para intentar solucionarlo con ella, como si fueran un equipo, pero estaba solo en aquello. Solo le faltaba una carta por jugar. Esa carta que se juega cuando en la partida no tienes más opciones, cuando estás desesperado; la carta del kamikaze.

Lo había estado meditando mucho y finalmente se había decidido. Estuvo una semana preparándose mentalmente para su último intento de estar a gusto con Eme. Pensó detenidamente en qué quería decir y cómo quería decirlo, pero sobre todo pensó e intento asumir las diferentes consecuencias que podría tener lo que se proponía hacer. Soltar a Eme, eso era lo más importante, lo que podría hacer que su plan funcionase.

Cuando estuvo preparado, le comentó a Eme que quería que quedaran para hablar de algo importante. Preferiría no haber tenido que hacerlo, pero de no haber sido así era muy probable que, cuando Equis fuera al barrio de ella, estuviera con su hermano o algún amigo y no pudieran hablar a solas o fuera bastante incómodo. Finalmente, quedaron en un sitio intermedio entre el barrio de Equis y el de Eme. Era una zona de bares a la que habían ido sobre todo el primer mes que se conocieron. Al principio las quedadas solían ser en sitios “neutrales”, hasta que poco a poco Equis comenzó a ir al barrio de Eme y finalmente eso se convirtió en ley. Quedaron un sábado por la tarde.

Cuando se vieron, ella actuó como si él no le hubiera dicho que tenía algo importante de lo que hablarle. Se sentaron en una terraza y comenzó a contarle su día: por la mañana había estado de compras por el centro y luego había comido con una amiga del trabajo. Su hermano le había llamado y le había dicho que le escribiera por la noche para salir con los demás. Eme acabó diciéndole a Equis que, si le apetecía, podía apuntarse después.

En el fondo, Equis estaba bastante indignado de que Eme hiciera “como si nada”, pero no había lugar para distracciones. Había preparado un discurso y lo iba a ejecutar a la perfección. Era su última oportunidad de llamar su atención y nada debía influirle. Contestó a la propuesta de Eme para dar paso al mensaje que tenía para ella:

- Eme, como te he dicho antes, tengo que hablar de algo importante contigo y, sinceramente, no sé si esta noche tú y yo seguiremos juntos...

En el fondo de su corazón Equis no lo decía en serio. Ese “sinceramente” no era sincero. Su intención con todo aquello no era dejar de estar con Eme, sino todo lo contrario. Su plan pasaba por arriesgarlo todo, pero tenía que parecer seguro.

- ...Mira, últimamente he estado pensando mucho en aquella conversación que tuvimos hace tiempo, cuando te dije que no estaba a gusto con nuestra relación. Me dijiste que era problema mío y creo que tienes razón. Cuando hablamos se me quedó grabada la frase: “Si te gusta bien y si no, ya sabes lo que tienes que hacer”. Tú no la dijiste como tal, fue algo así como “mi conclusión de tus palabras”. Al principio me dolía, pero me he dado cuenta de que hay algo de verdad detrás. A lo que voy con todo esto es a que tú sigues esa filosofía y tienes todo lo que quieres. Yo, sin embargo, he ido adaptándome a cosas que no me gustaban y ahora, como sabes, me siento bastante apagado en nuestra relación ya que, de repente, está llena de cosas que en absoluto me llenan... De todas formas, tengo que decir que no estoy de acuerdo al cien por cien con todo lo anterior, ya que creo en construir algo con otra persona y creo en compartir la vida de una manera equilibrada. Para eso hay que adaptarse, aunque sea un mínimo... Eme, yo ya no puedo más. Llevo demasiado tiempo no haciendo caso al “ya sabes lo que tienes que hacer”. Así que necesito decirte dos cosas. La primera es que yo ya no quiero seguir contigo en la manera en la que estamos, es una decisión que ya tengo tomada. No me gusta en lo que se ha convertido nuestra relación, así que dejarla es lo que tengo que hacer... La segunda cosa que te quiero decir es que sí que quiero estar contigo de otra manera, una que tú y yo elijamos y en la que estemos a gusto juntos. Una en la que construyamos algo tú y yo y que nos haga a ambos más felices... Eso es lo que quería decirte Eme...

Equis había puesto mucho empeño en elegir bien las palabras que le diría a Eme. Cuando terminó, sintió que había expresado todo de una manera increíblemente lúcida para lo complicado que era hablar de aquellas cosas. Ya había puesto todas las cartas sobre la mesa y solo le faltaba esperar la reacción de Eme. Ella había estado tranquila durante el tiempo que Equis había hablado, con una cara inexpresiva pero atenta. Cuando contestó, el tono de su voz era el de quien aconseja a un amigo sobre un tema que para nada le afecta.

- Equis, entiendo todo lo que me dices y estoy de acuerdo en tu decisión. Yo ya te lo dije, estoy a gusto con cómo estamos. No pienso que tengamos que construir nada. Pero no me gusta ver que tú estás siempre alicaído, así que sí que pienso que a lo mejor debemos dejarlo, por ti...

A Equis se le había quedado la mayor cara de idiota del mundo. Ese no era su maldito plan. Su plan era que ella viera que podía perderle por ser tan tremendamente egoísta y se planteara ceder, aunque fuera un mínimo, con cualquier cosa hubiera bastado. Su plan era que Eme se viera en la situación en la que se había visto él: “Si quieres estar conmigo, esto es lo que hay”. Pero Eme le respondía como si fuera algo que no tuviera nada que ver con ella; como si ella no pudiera hacer nada para salvar la relación.

Equis miraba a Eme. Ya no podía echarse atrás. No podía decir que había dicho todo aquello solo para ponerla a prueba, ya que de ser así ella no la había superado y el resultado debía ser el mismo: dejarlo. Lo que sentía en aquel momento no podía decirlo con palabras, pero también hay una carta kamikaze para eso: la mirada. Y la de Equis aquel día era un poema.

7 – Como si nada

Aposté todo a seguir
Para que tú fueras mi musa 
Y todo lo que te ofrecí 
Me lo tiraste a la cara 
Como mierda a la basura 
Como compresas desechadas 
A ti ya no te quedan ganas 
De quedarte junto a mí 
Es el fin, porque sí 
Y creerás que no es por ti 
Siempre encuentras una excusa 
No vaya a ser que ser feliz 
Te haga sentirte muy confusa 
Tú que no sabes sentir 
Y yo que apuro la vela apagada 
Y mientras lo tuyo es más vil 
Lo mío es siempre más putada 
Pues sólo hay una acción peor que huir 
Y es hacer como si nada 
Cuando suplica mi mirada 
Que no te alejes más de aquí 
Que, por favor, no te me vayas 

Diseño Capítulo 7 - Como si nada

¿Te gusta lo que hago?

Sí te gusta "El libro de Equis" puedes hacer dos cosas:

SÍGUEME EN LAS REDES

Esta página web ha sido creada por Rafa Alday, así como todo el contenido artístico que contiene.