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EL LIBRO DE EQUIS

PARTE 1: CINERE

CAPÍTULO 8 - NADA SERÁ IGUAL

Los ojos de Equis suplicaban a Eme que no se fuera. Desde que ella sentenciara la situación de aquella manera, él no había parado de mirarla a los ojos con la esperanza de que tal vez ella se diera cuenta de lo que sentía y quería decirle en realidad: que había sido un farol, que le quería más que a nadie, que para él era la chica más guapa y genial del mundo, que todo había sido sólo para llamar su atención. Pero no podía hacer eso, había elegido un camino y tenía que seguirlo.

Se estaban acabando la cerveza. Se había generado un pequeño silencio, entre incómodo y sentenciador, después de la respuesta de Eme. Durante los segundos que duró, Equis sacó un cigarro y se lo encendió, analizando la situación. Luego le dio un trago largo a su cerveza, estaba a punto de acabarse. Eme hizo lo mismo pero al revés, primero bebió cerveza y luego sacó su paquete de tabaco del bolso.

    - Bueno, entonces, creo que está todo dicho – añadió Equis intentando que pareciera que ya tenía asumido que lo dejarían. De hecho, había intentado hacerlo. – Yo sí que estaría contigo de otra manera, no de esta. Está en tu mano que sea así, pero si para ti no merece la pena hacer ese esfuerzo... Creo que estamos de acuerdo en la conclusión.

Las palabras de Equis eran un grito desesperado intentado apelar al corazón de Eme. Ese sí que era el último intento que podía hacer. Sabía que eso podía llevar a una discusión, ya que se podía leer entre líneas un “a ti no te importa”. Pero tal vez así Eme mostraba de alguna forma que le importaba Equis, aunque fuera molestándose por sus palabras. En absoluto fue así.

    - No es que no quiera hacer el esfuerzo – dijo tranquila – es que no creo que tenga que hacer ningún esfuerzo. Yo ya te dedico mi tiempo y te tengo en cuenta en mi día a día. El que no estás a gusto eres tú. Y, sinceramente Equis, creo que, si te afecta tanto, lo mejor es lo que tú has dicho, que lo dejemos.

Equis tenía ganas de llorar, de gritar. Tenía allí delante a Eme y no podía hacer nada más por no perderla. Bueno, podía hacer lo que en realidad más deseaba en aquel momento: montarle una escena allí mismo; gritarle a pleno pulmón, en medio de la calle, que qué mierda le pasaba, que cómo podía no importarle nada, que como podía estar haciendo aquello de aquella manera tan fría... Pero Equis no haría eso, y por un motivo mucho más cobarde del que pueda parecer. Desahogarse con Eme, que era una persona que no toleraba en absoluto que nadie le levantara lo más mínimo la voz, pondría todo el foco de su ruptura en el hipotético espectáculo que Equis montara. Sería la excusa perfecta para Eme de marcharse y no volver jamás. Aún con todo, Equis necesitaba dejar alguna puerta abierta y eso las cerraría todas para siempre.

Pagaron sus cervezas y se levantaron para irse. Le miraba, no era la misma que hacía siete meses cuando quedaron para que él le diera aquella sorpresa. Y ni mucho menos era la misma que había conocido un año atrás en Plaza de España. Bueno, en realidad sí era la misma, pero había cambiado con respecto a él. Ya no le miraba igual. Entonces, allí de pie, preparado para marcharse, Equis sintió eso que sientes cuando, para la persona a la que amas, has vuelto a ser un ser humano cualquiera. No es que ya no se acuerde de todos los momentos que pasasteis juntos, es que ya no siente nada, al menos intenso, respecto a ellos. Ya son solo sucesos que ocurrieron, ceniza de cosas que ardieron; ceniza de vida y tiempo; ceniza de Equis; ceniza que se estaba llevando el viento. Sólo ceniza...

Equis ni siquiera se planteó el darle un beso para despedirse, un abrazo era lo que ambos sabían que iba a ocurrir. Lo hizo, le abrazó por última vez. Cerró los ojos brevemente. Volvió a recordar aquel día en que esperaba a Eme en su portal, el primer regalo, su primera conversación en la app, su primera cita, su primer beso, su primer “te quiero”... Y allí, abrazando las cenizas de Eme, supo que había acabado una era.

8 – Ya nada será igual

Suena el crujido al acabar
El último chasquido amado 
Y no es que dejemos de amar 
Yo aún ni lo he aceptado 
Joder, nada parece real 
Pero lo siento de verdad 
Que nuestro amor ya está viciado 
Y me dan ganas de llorar 
Porque mañana habrá cambiado 
Toda nuestra realidad 
Y, haga lo que haga, se invertirá 
No podré volver atrás 
Nada volverá, nunca volverá 
Como no existe el mismo verano 
Sino infinitos en espiral 
No volveremos y aunque volvamos 
Ya nunca nada será igual 

FIN DE LA PRIMERA PARTE

Diseño Capítulo 8 - Nada será igual

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