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EL LIBRO DE EQUIS

PARTE 2: TRISTITIA

CAPÍTULO 11 - TRISTE EXPORTADOR DE MIEDOS

Equis ya había atravesado casi todo el parque cuando terminó de recordar aquel día. Tenía justo delante la gran urbanización que tenía esos característicos salientes en el tejado. Había muchos bloques con varios portales, pero en realidad todo era una misma construcción en forma de tres “Ues” encadenadas. Esa zona estaba llena de urbanizaciones, pero todas eran diferentes y ocupaban una sola manzana. Ésta a la que se dirigía Equis llamaba bastante la atención, porque ocupaba tres manzanas de largo y los muros eran de un ladrillo rojizo muy característico con el tejado negro muy oscuro. Además tenía esos salientes en la azotea, uno en el centro de cada “U”, que hacía que fuera más alto que el resto de edificios de alrededor.

Antes de salir del parque y cruzar la calle para llegar al portal al que se dirigía, sacó el atuendo del carrito que llevaba. Se puso el chaleco reflectante naranja y la gorra de propaganda. Además sacó varias revistas de promoción que había recopilado los dos días anteriores. Todo aquello le atemorizaba casi tanto como le emocionaba. Se sentía como si fuese un aventurero en una misión épica.

Lo primero que tenía que hacer era llamar al telefonillo del edificio y decir desenfadadamente: “Cartero comercial, ¿me puede abrir por favor?”. Acto seguido confirmaría que no había nadie en el portal y subiría al último piso. Allí había acceso a una pequeña terraza comunitaria. Equis lo sabía porque ya había estado allí investigando el día que se le ocurrió la idea. Una vez saliera a la terraza, podría subir al tejado y ya moverse por todo el edificio.

Era bastante sencillo, pero estaba cagado de miedo: ¿y sí llamaba justo al piso de algún vecino aburrido y malhumorado que sospechara algo? ¿y si justo aparecía alguien cuando él entraba? Tenía que subir al ático y un “cartero comercial” no tiene que dar más de cuatro pasos para llegar a los buzones. Equis no era la clase de personas que actúan con frialdad en esas situaciones. Él estaba bastante nervioso. Le temblaban un poco las manos y las piernas, y esperaba que no lo hiciera su voz cuando hablase al telefonillo.

Pero estaba allí, vestido de aquella manera e iba a hacer lo que había ido a hacer. Se armó de valor y fue al portal. Llamó a un piso, pero nadie contestó. Llamó a otros dos y esperó. La posibilidad de que alguien le viera aumentaba cuanto más tiempo pasara allí. De repente, contestaron:

- ¿Sí?

- Buenas tardes, soy cartero comercial, ¿me puede abrir? – dijo intentando que pareciera que era una frase que repetía a menudo.

Se hizo un pequeño silencio. Duró menos de dos segundos, pero a Equis le dio tiempo a pensar – “¿por qué he dicho “soy”? Nadie lo dice así ¡idiota! – Estaba seguro de que le iban a hacer preguntas porque había sonado extraño cómo lo había dicho, sin embargo sonó el timbre que indicaba que le estaban abriendo la puerta.

Entró al portal y se paró frente a los buzones. Miró alrededor y confirmó que no había nadie. Cogió el ascensor y subió a la última planta. Salió a la terraza y se subió con el carro de tela al tejado de pizarra negra. Fue todo bastante rápido, aunque para Equis había sido eterno.

Ya estaba allí, solo le faltaba esperar a que anocheciera un poco. Lo hizo sentado, para que no se le pudiera ver ni desde el parque ni desde los edificios colindantes. Disfrutó de unas maravillosas vistas del este de la ciudad de Madrid. Se sentía en paz, allí en silencio, sin hacer nada. Continuó recordando, a modo de terapia, ese gran proceso que había vivido hasta llegar a aquel día…

Después de pasar dos noches realmente horribles, el martes de la primera semana después de la ruptura con Eme, se volvió a levantar totalmente hundido. Además de sentirse cansado, somnoliento y embotado, anímicamente estaba por los suelos. Y no podía seguir obviando que algo le estaba pasando por las noches, cuando se quedaba a solas consigo mismo.

Era la una y media del mediodía, así que Equis se duchó y se preparó algo para comer. Mientras comía se puso a pensar en esos momentos de depresión terribles que vivía por las noches: ¿qué era lo que querían decirle? Se centró en la noche anterior, que eran la que más fresca tenía.

– Lo que se llevó el miedo... A ver, la conclusión en un principio está muy clara: Echo de menos a Eme... – pensó mientras miraba el plato de pasta que estaba comiendo sin mucho apetito – pero decirme eso es quedarme exactamente como estoy, así que ¿qué hago al respecto? Además, vale que es un palo, pero no es como para estar así de deprimido...

Durante toda aquella tarde estuvo pensando mucho en Pablo y su novia Clara. Era curioso que en esa situación de ruptura que Equis estaba viviendo se le presentara delante una relación tan sana y maravillosa como la que tenían ellos.

Comenzó a preguntarse acerca de cómo se comportaban Clara y Pablo el uno con el otro. Eran una pareja increíble, ya que se veía que se lo pasaban bien juntos y les gustaba, por lo general, hacer el mismo tipo de cosas. Pero además se comprendían y aceptaban mutuamente. Recordó un día en el que estaba de copas con ellos y algunos compañeros del cine. En un momento de la noche Clara decidió que quería irse con unas amigas suyas que estaban por otra zona del centro. El plan de los que estaban era ir a un garito de Rock que seguro que no les gustaría nada a las amigas de Clara, ya que no era para nada su estilo. Así que Clara intentó convencer a Pablo para que, al menos él, se apuntara – Si ya sabes que no voy pa´ que me invitas – dijo él riéndose.

En realidad ella se lo preguntaba con ese tono que indica que sabía que él diría que no. Era algo sabido: a Pablo no le gustaba mucho ir con esas amigas de Clara concretamente. A veces iba, pero solo cuando le apetecía o no tenía nada mejor que hacer. Y lo decía. Todo aquello no suponía ningún problema entre ellos. Clara simplemente se rio de su comentario y le dijo que luego le llamara para volverse juntos a casa.

Eso era naturalidad, algo que no habían tenido Equis y Eme para esos pequeños detalles. Empezó a reflexionar sobre aquello, para acabar dándose cuenta de algo que le avergonzaría.

- En realidad, Eme siempre fue natural respecto a lo que ella quería. Era yo quién no decía que no a las cosas que no quería hacer. Por ejemplo, con el tema de ir siempre a su barrio era yo quien tenía problemas. Me imagino a Pablo o a Clara diciendo: “Pff ¿otro vez a tu barrio? Voy a ver si me tomo algo con alguien por el centro y luego si quieres por la noche nos llamamos para que quedemos”. Sin embargo, era yo el que pensaba “No quiero ir allí” pero me callaba e iba. Y fue así una y otra vez hasta que ya estuve muy cansado como para soportar siquiera pasar por allí de vez en cuando.

Poco a poco Equis empezó a sentirse muy culpable. Su cabeza era un monólogo constante que estaba analizando y recitándole información a un ritmo descomunal, y muchas de esas cosas no eran precisamente buenas.

Cuando llegó la noche y el momento de enfrentarse de nuevo a la oscuridad, a la depresión, Equis en realidad lo estaba deseando. Había descubierto que, probablemente, todo lo que había pasado había sido por su propia culpa. Una manera ideal de mitigar la culpa es dejarte doler, así que Equis se abrazó a aquel universo dentro de sí mismo al que había viajado y en el que había sufrido las dos noches anteriores. Ese sitio que al día siguiente llamaría: Tristitia.

11 – Triste exportador de miedos

Tú, el de los caminos rectos
El que pide al sol que algo le llene
Supuesto maestro de gestos
Que buscas que alguien te venere
Tú, que coges tus defectos
Y los pasas a otros seres
Tú, que explotas desde dentro
Y distorsionas ser quien eres
Si te quedas en los huesos
No hay perdón aunque confieses
Pues no hay amor en hacer eso
A las personas que más quieres
Triste exportador...
Lo sé, no te diste cuenta
Y sólo encuentro una razón
Para que mi alma le mienta
Justo a ella, que es perfecta
Que tiene tanto corazón
Y sólo con el alma puesta
Puso todo del revés
Ahora, velo desde fuera:
¿Por qué demonios le engañé?
Sólo existe una respuesta
Yo me mentía también

Diseño Capítulo 11 - Triste exportador de miedos

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